dijous, 16 de desembre de 2010

WIKILEAKS Y HOTEL BLUES

No hablará.

Seguro que no hablará.

Julian Assange es un tipo agradecido.

En Hotel Blues nadie pierde los nervios. Seguramente por que todos carecen de ellos. En el Hall de tan reputado establecimiento, están tan acostumbrados a lidiar con situaciones difíciles y potencialmente productoras de estados de nerviosismo a proporciones exponenciales, que el mero hecho de que otro de sus ilustres huéspedes sea colocado en la picota mundial no provoca ninguna reacción negativa ni de inquietud alguna.

Por más que lo han intentado con Félix “el gato” Millet, el honradísimo huésped del Hotel, sigue departiendo hasta altas horas de la madrugada al calor de la chimenea con nuestros admirados y no siempre suficientemente ponderados Dragone y el Director. Y ya empiezan a echar de menos al bueno de Julian. Demasiados dias sin esas apuestas entre risas y voceríos (probablemente condicionados por la ingesta de algún que otro Bitter Kas): “Do hay huevos Julito, a fubligar lo de Boradinos, ni lo de Ofama en …hips!, en… famos, gue no hay huevos…”

Todo se arreglará, seguro. Cómo mucho, se publicará lo mismo que hasta ahora, como lo del concierto de Eric Clapton en Corea del Norte. Si, si, Eric Clapton en Wikileaks.

Parece ser que uno de los cables diplomáticos publicados por Wikileaks revela que funcionarios de Corea del Norte sugirieron al gobierno de Estados Unidos hacer los arreglos para que Clapton se presentara en Pyongyang como una forma de crear “buena voluntad” entre los países.

La sugerencia fue hecha a la embajada de Estados Unidos en Seúl, Corea del Sur, a través de un intermediario, cuyo nombre no fue redactado en el documento.

“Arreglar un concierto de Eric Clapton en Pyongyang también podría ser útil, dijo el intermediario, dado que el segundo hijo de Kim Jong II es seguidor de la leyenda del rock”, dice el principio del cable. “Como el segundo hijo de Kim Jong II, Kim Jong-chol, es un gran fan, la presentación podría ser una buena oportunidad para crear buena voluntad”.

Los representantes de Clapton no dieron respuesta inmediata a las solicitudes de comentarios el domingo, pero un analista advirtió que el contenido del cable de 2007 podría mostrar más sobre el interés de un intermediario por intentar promoverse a sí mismo arreglando la presentación de una personalidad de alto perfil que sobre el liderazgo de Corea del Norte.

Todo apunta que hay alguien interesado en poco a poco irse acercando al tuétano de la cuestión, a la base, al centro neurálgico, al núcleo de Wikileaks.

Pues lo vamos a poner fácil hombre. Que si! Que Julian Assange es el hombre de paja! El auténtico genio que puede controlar al mundo sólo con contar una porción de las cosas que sabe es el Director. Por Hotel Blues han pasado las personalidades más influyentes del mundo a todos los niveles; políticos, empresarios, strippers, reponedores del Mercadona, recolectores de avellanas mancos, obispos bajitos, … de todo oiga!

El problema es que el bueno del Director no tiene ni idea de lo que sabe, el Director es incapaz de acordarse del menú que ha deglutido hace tan sólo unas horas, el Director es incapaz de encontrar el camino de vuelta al Hotel si lo sacas con los ojos vendados y lo sitúas en los jardines del mismo.

Así pues, el mundo puede estar tranquilo.

Julian Assange no tanto, claro.

Y mientras tanto, Hotel Blues homenajeando a Sam Cooke y Otis Redding, los hermanos Subirana metidos en política, el Becario tentado por los grandes de la radiodifusión mundial y parte del extranjero, y Dragone

Dragone siempre está dónde y cómo debe de estar. A la derecha del Director.

Y que no se aleje mucho de él, o el mundo entero pagará las consecuencias. Si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, detrás de todo gran Director de Hotel hay un gran huésped, y detrás de este gran huésped unas cuantas grandes mujeres con grandes …

Hans.








dijous, 2 de desembre de 2010

QUEDARSE A GUSTO.


Si señoritas.

¿Qué entendemos por “quedarse a gusto”?

No, no nos llevemos a error.

Quedarse a gusto no es esa sensación placentera que invade tu cerebro cuando después de realizar una abundante micción, respiras hondo y al recolocar tu ropa y, pasado ese temblorcillo que se asemeja a un perfecto remate de cabeza, te das cuenta que has llevado a cabo esa acción en la cara de tu jefe.

No, quedarse a gusto no es eso.

Quedarse a gusto no es esa sensación placentera que invade tu cerebro cuando, tumbado sobre la cama, totalmente desnudo y exhausto, enciendes un cigarrillo y una voz femenina con el aliento justo te dice: “eres el depredador más salvaje con el que me he cruzado nunca” y en ese momento te giras y ves que la autora de la frase es Eva Mendes. (versión para ellos).

Quedarse a gusto no es esa sensación placentera que invade tu cerebro cuando, tumbada sobre la cama, totalmente desnuda y exhausta, enciendes un cigarrillo y una voz masculina con el aliento justo te dice: “eres el depredador más salvaje con el que me he cruzado nunca” y en ese momento te giras y ves que el autor de la frase es el Director. (versión para ellas).

No, quedarse a gusto no es eso.

Quedarse a gusto no es esa sensación placentera que invade tu cerebro cuando, después de un mal día, en el que tu jefe te ha chillado a las 8:00 AM para reclamarte unos informes que nunca te pidió, en el que has debido pedir ayuda a un niño de 5 años para que, con su bracito pequeñito y tu cogiéndole por los tobillitos, te ayudara a recuperar las llaves del coche que previamente se te han caído a la alcantarilla que quedaba justo debajo de la puerta de tu coche, y una señora se te ha colado en la cola del super con el carro hasta los topes, cuando después de 27 minutos de cola para pagar un estuche de chicles sabor melón que le has prometido como recompensa al niño de la alcantarilla, la cajera ha pronunciado la ansiada frase de “pasen por la caja de al lado que va a abrir ahora”, y en el que has tenido que andar más de 40 minutos cargado con todos los archivos para los informes de tu puto jefe, puesto que la puta grua se ha llevado tu puto coche al exceder el tiempo de la puta zona azul en la que habías aparcado mientras hacías cola en el puto super para comprarle al puto niño los putos chicles sabor melón que le habías prometido por recuperar las putas llaves de tu coche de la puta alcantarilla, y te han multado en la A-2 a la altura de Molins de Rei por circular a 87 km/h a las 12 de la noche de un martes, y un puto chorizo te ha esperado agazapado en la oscuridad de tu portal para atracarte, y en un acceso de ira le has propinado cientos de puñetazos, rayos y relámpagos y al abandonar tu portal arrastrándose y pidiendo disculpas, has comprobado que el chorizo lleva una camiseta de Cristiano Ronaldo.

No, quedarse a gusto no es eso.

Quedarse a gusto es esa sensación placentera que invade tu cerebro cuando, después de una larga semana, llega el domingo a las 22h, te plantas en tu sofá preferido y escuchas durante dos horas un programa cómo el que el pasado domingo perpetraron los habitantes del hotel con más groove de las ondas, Hotel Blues.

Y este domingo, ¿te vas a quedar a gusto?

Hans.